Hay conversaciones que quedaron a medias y ya no tienen dónde terminar.
Escribir una carta que nadie va a leer no es hablarle al vacío: es ponerle un lugar a lo que quedó dando vueltas. No busques que quede bonita. Busca que quede dicha.
Empieza por lo que más pesa. No por el principio, no por el contexto. Por la frase que llevas semanas cargando.
No te corrijas. Si sale con rabia, que salga con rabia. Si a media carta cambias de tono, no vuelvas atrás a arreglarlo.
Termina cuando se acabe. No hace falta cerrar bien ni despedirse. Muchas cartas de estas terminan a la mitad de una frase, y así está bien.
Cuando la termines, decide qué hacer con ella. Guardarla, romperla, quemarla, dejarla donde nadie la encuentre. Lo que hagas con la carta también es parte del ejercicio.